La prescripción médica es el documento por escrito donde el médico plasma mucho más que información sobre productos médicos o indicaciones de tratamiento; se trata del acto oficial que da inicio a la terapia para restablecer el bienestar del paciente y, por qué no, también el de su entorno.
En 1985, durante la Conferencia de Expertos en el Uso Racional del Medicamento celebrada en Nairobi, se definió este concepto como aquel “en el que los pacientes reciben la medicación adecuada a sus necesidades clínicas, en las dosis precisas según sus características individuales, durante el periodo de tiempo apropiado y al menor coste posible para ellos y para la comunidad”.
Así, la prescripción médica es más que una receta; en ella se resumen los conocimientos técnicos para el diagnóstico, las habilidades de escucha y comunicación del médico y, sobre todo, su sentido ético y humano.
Como parte del equipo de salud que apoya la terapia, nosotros, los farmacéuticos, debemos comprender la orden médica más allá del producto. Al hacerlo, entenderemos la razón por la cual no podemos modificarla. Más que por razones legales, debe ser parte de nuestro comportamiento ético y del respeto a la relación médico-paciente.
Cuando el médico genera la orden médica, lo hace basándose en los principios de no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia, que se explican de la siguiente manera:
No maleficencia: Exige no hacer daño al paciente. No obstante, se debe considerar que todo tratamiento farmacológico puede generar efectos secundarios o algún daño potencial. Por ello, el médico prescribe a partir de su experticia, lo que le permite prever y sopesar estos riesgos.
Beneficencia: Busca el mayor beneficio para el paciente. Por este motivo, la prescripción debe realizarse con las indicaciones correctas, basándose en el conocimiento
científico.
Autonomía: Obliga al médico a respetar las decisiones del paciente sobre las alternativas terapéuticas disponibles. A nosotros, como farmacéuticos, nos obliga a respetar la autonomía del médico al seleccionar los productos que él considera necesarios para el tratamiento.
Justicia: Obliga a todo el equipo de salud a una utilización equitativa de los recursos, ya que una terapia afecta no solo a la persona a nivel físico o mental, sino también económico, lo que a su vez impacta en las familias.
Articulamos la función del equipo de salud que atiende al paciente en las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS) públicas y privadas con las actividades de apoyo a la terapia ambulatoria.
Tanto la farmacia de las IPS como las droguerías deben ser espacios donde la conducta profesional prime sobre los intereses comerciales. Un comportamiento ético parte de las siguientes premisas:
Algunos medicamentos poseen formas farmacéuticas o dispositivos médicos especializados, diseñados con tecnologías de vanguardia que no es posible replicar en presentaciones genéricas, incluso contando con el mismo principio activo. Este es un tópico que todo Director Técnico debe tener en cuenta, estableciendo como política empresarial la cultura del respeto a la orden médica.
Para evitar el cambio de la orden médica, se debe:
Recordemos que somos profesionales de la salud, no vendedores de productos. Si queremos revalorizar nuestra profesión, debemos comenzar por respetar la de los demás profesionales y, sobre todo, anteponer la salud de la comunidad por encima de cualquier interés comercial o personal.