La siguiente información es tomada del Grupo de Farmacovigilancia del Instituto Nacional Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, INVIMA:
“El Programa Nacional de Farmacovigilancia tiene como objetivo principal realizar vigilancia a los medicamentos luego que estos están siendo comercializados para determinar la seguridad de estos.
Dicho programa cuenta con diferentes actores los cuales van desde los pacientes o sus familiares, pasando por el médico tratante, las clínicas y hospitales, las secretarias de salud hasta los laboratorios farmacéuticos.
La Farmacovigilancia es el pilar fundamental para que el país determine realmente el perfil de seguridad de los medicamentos que son comercializados, de esta forma se pueden detectar entre otras; reacciones adversas, posibles fallos terapéuticos y errores de medicación asociados al uso de medicamentos.
Adicionalmente se encarga de ampliar los procesos de detección, valoración, entendimiento y prevención de las reacciones adversas o cualquier otro problema asociado al uso de medicamentos, de forma tal que los factores predisponentes sean identificados a tiempo y las intervenciones que se lleven a cabo por parte de la agencia reguladora conduzcan al conocimiento real del perfil de seguridad de los medicamentos comercializados en nuestro país fomentando de esta forma el uso seguro de los mismos”.
Fortalecimiento de la farmacovigilancia:
un compromiso continuo con la seguridad del paciente
Todos los servicios farmacéuticos y establecimientos farmacéuticos minoristas deben contar con un documento que indique el proceso de farmacovigilancia. Este documento debe ser conocido y evaluado por todo el personal, ya que constituye la base para un sistema proactivo que garantice la seguridad y el bienestar de los pacientes.
Es el momento de revisar ese documento e incorporarlo de manera periódica en las inducciones y capacitaciones de la empresa. Este proceso de revisión continua es fundamental para asegurar que el procedimiento esté siempre actualizado con las últimas normativas de las autoridades sanitarias y los avances en las mejores prácticas del sector.
Además, es crucial ir más allá de la simple capacitación teórica. Se recomienda implementar simulacros prácticos y sesiones de análisis de casos reales para que el equipo no solo conozca el protocolo en papel, sino que también sepa aplicarlo con eficacia
en su día a día. La participación activa de todo el personal en la notificación de sospechas de reacciones adversas es la piedra angular del sistema. Fomentar una cultura de comunicación abierta y sin temor a represalias es esencial para detectar y gestionar los riesgos a tiempo, protegiendo así la salud pública y fortaleciendo la confianza en nuestra institución.