Tema 1.
La salud y la calidad de vida

Nuestra cotidianidad como farmacéuticos y como individuos gira en torno a la salud. Posiblemente, ninguna otra profesión es tan consultada como la nuestra; incluso cuando estamos fuera de la farmacia, la razón principal es que las personas nos ven más cercanos y accesibles que a otros profesionales de la salud. Siempre estamos disponibles y, además, nos comunicamos con
mayor facilidad con las comunidades porque vivimos con ellas. Esto nos permite entenderlas y orientarlas mejor.

La salud depende de la interacción de múltiples factores que van más allá de la ausencia de enfermedad. Nos afectan diversas situaciones sociales, políticas, económicas y culturales. Como apunta Briceño León (2000), “la salud es una síntesis; es la síntesis de una multiplicidad de procesos, de lo que acontece con la biología del cuerpo, con el ambiente que nos rodea, con las relaciones sociales, con la política y la economía internacional” (p. 15). La salud es, ante todo, un

fenómeno social que solo puede entenderse como una estructura de alto grado de complejidad, la cual involucra al ser humano y todo lo que lo rodea.

Por ser un hecho social, el concepto de salud se ha interpretado de manera diferente en distintos momentos de la historia. Desde los chamanes hasta las tecnologías en salud del siglo XXI, en todos los casos el ser humano ha buscado sentirse cada vez mejor, es decir, alcanzar el bienestar.

En el año 1948 la Organización Mundial de la Salud (OMS) plasmó en el preámbulo de su constitución la siguiente definición:

“La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”

Desde entonces, la OMS ha orientado a los países miembros a seguir protocolos y pautas que permitan que las personas alcancen un mayor bienestar. Gracias a esto y a los avances de la ciencia, hemos logrado disminuir la incidencia de enfermedades prevenibles, mejorar las condiciones de vida de los infantes, tomar una mayor conciencia sobre nuestra salud mental y, por ende, incrementar la productividad. Asimismo, hemos aumentado la esperanza de vida de la población, aunque muchos de estos beneficios no sean equitativos para todas las sociedades, pues muchas
se han quedado rezagadas debido a diversas condiciones generadas por brechas sociales y económicas, entre otras.

No es suficiente con tener bienestar. Por ello, la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 1966, durante el Foro Mundial de la Salud en Ginebra, definió el concepto de calidad de vida como:

“La percepción del individuo sobre su posición en la vida dentro del contexto cultural y sistema de valores en el que vive y con respecto a sus objetivos, expectativas, estándares e intereses”.

En los últimos años, este concepto ha cobrado cada vez más relevancia. En un mundo globalizado donde la inmediatez de la información impide analizar las situaciones, y con un modelo económico cada vez más individualista que genera mayores inequidades y, por ende, infelicidad, es donde las personas más deberían comprender la importancia de la
salud a partir de estos conceptos.

Al ser la calidad de vida un concepto subjetivo pero no por ello menos importante, es allí donde el profesional de la farmacia es cada vez más necesario y donde su labor social adquiere un sentido que va más allá del producto farmacéutico. Esto nos debe llevar a empoderar de nuevo nuestra función y pasar de la simple relación de intercambio de bienes por dinero a una relación donde cada mirada, cada consejo, cada tiempo dedicado, le permita a las personas tener un espacio de convivencia, mejorar su estado de ánimo y, por ende, su salud.

Aplico lo
aprendido

¿Has notado que muchas de las personas que asisten a la farmacia no lo hacen específicamente por un producto?

La mayoría de quienes nos consultan no buscan un producto en sí, sino una solución a una expectativa de salud. Si su prioridad fuesen solo los productos o el precio, probablemente no ingresarían a nuestra farmacia, ya que existen miles de establecimientos que venden los mismos artículos, incluso con el mismo lote y fecha de vencimiento, y hasta se los llevan a domicilio desde lugares remotos.

Entonces, si lo que realmente ofrecemos es una solución a inquietudes sobre bienestar y calidad de vida, ¿por qué no elevarnos al nivel de estas expectativas? Propongan en una reunión de trabajo que, por cierto, también debe haberlas por la salud del equipo que replanteemos lo que hacemos. Por ejemplo, actualizándonos en farmacología para el uso adecuado de medicamentos, en comunicación asertiva y en apoyo a la terapia. Como bien dice José Rubio Gálvez en su libro El Manual de la Nueva Farmacia: “Hasta ahora clientes, desde ahora pacientes”.